
Al llegar aquí todo permanece.
Hogar y chimenea. Caprichos de chocolate. Rutinas mañaneras. Compras a mediatarde. Juegos de niños. Música a las dos. Maletas y guisos.
Frío rural. Calles invernales desangeladas. Árboles talados. Tardes-noches en el bar. Conversaciones existenciales. Cañas y cafés. Esquivas miradas de la gente que conspira. Copas en la barra. Mismas caras. "Es mi pueblo, no es mi gente".
Eso sí, brindamos porque las pequeñas dosis de 'siemprecismo' a veces curan daños de hoy.
Una mezcla entre nostalgia y a la vez deseos de no dejar que tus raices crezcan alli. Pero ante todo un lugar al que volver.
ResponderEliminaresta muy chulo, de verdad
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