
Las noches corren al ritmo de segundos. Creo que los sábados se aceleran. Poseen un ralentí demasiado alto. Es injusto. Mañana otra vez vuelve el día a día. Ya no habrá coincidencias en la noche, ni momentos estatua, ni copas en taxis. La ropa olerá a invierno y el viento helado soplará mis mejillas. Hasta un copo de nieve podría enredarse entre mis rizos.
Hablé demasiado. No suelo. ¿Y está mal? Ahora resulta que mis juegos con el destino sientan mal. ¿Y qué? A mí me gusta que el destino haga de las suyas. Son mis coqueteos.
Sigo hablando de ellos. Y lo peor de todo, lo seguiré haciendo. El problema ha pasado a llamarse sentimiento. Ya no es ajeno, es parte de mí. Soy feliz así. Me río de mi misma por lo patética que puede resultar esta situación. Es otra etapa más. Una etapa que me niego a abandonar (al menos hasta que consiga la foto) Fricada.
Ya es lunes. El reloj sonará demasiado pronto y espero levantarme. Lo haré desde una mirada positiva. Cambiará de color. El espejo será amigo y no convexo. Afrontaré la Historia desde la concentración más pura. Otra semana. La primera de Diciembre.
P.D. Volví a coger una guitarra. Sólo recordaba un acorde. Me sentí bien. Tengo que volver a empezar.
Lo importante es que esa sonrisa grande te empuje en cualquier momento, en cualquier etapa.
ResponderEliminar