Le vi venir. Llegué a pensar que quizás ni se percataría. Pero lo hizo. Uno por mejilla, ¿qué digo? Ni tan siquiera eso. Sólo un cruce de miradas mientras adiviné su perfume –gran olfato el mío-. Y de repente como un resorte espetó: “ha caído un mito. Llámame clásico, pero dijiste que nunca lo harías”.
Y mira que yo era de las que sostenían un ‘nunca’ o un ‘siempre’ hasta tensar de un pequeño hilo la cuerda de la tozudez. El cambio de actitudes agitadas por el interés removía mis entrañas. La falta de personalidad sin convicciones malograba mi humor.
De un tiempo a esta parte apuesto por la dejadez, la transformación del yo y el no anclaje en el conformismo. Alejarme un poco más del mundano olor a conveniencia y de mentes retrógradas han logrado ventilar mi preocupación por el qué dirán.
Ahora me juzgas y yo te lo permito. Pintaré una raya en el agua por tu opinión.
¿Guiño?, ¿rechazo?, ¿evasión?. Nunca más. Siempre amigos.
¿?
ResponderEliminarDi que sí, Sara!! Los cambios de parecer no son malos siempre y cuando a ti te satisfagan.
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